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Lo que aprendí soñando con familiares transcendidos

  • 25 jul 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 ago 2023


Sospecho que la vida continúa después de la muerte. Que no dejamos de existir, sino que cambiamos de estado, así como el agua se transforma en vapor. Lógicamente, no puedo comprobarlo, pero lo intuyo. Lo intuyo y lo siento por lo vivido en los sueños y lo recibido durante incontables meditaciones.


Aprendí hace un tiempo, trabajando con un amigo chamán en un camino iniciático que transformó mi vida, que durante los sueños es posible sanar, purgar emociones que ya no nos sirven, dar orden a lo vivido en vigilia y además, recibir mensajes de personas queridas que han trascendido a otro plano.


Uno de los ejemplos más claros de esto, ocurríó durante COVID, la misma noche de la vuelta a la luz de mi tía Liliana, durante mis sueños, sentí claramente su voz diciéndome:


No se preocupen, estoy bien...La muerte no es lo que pensábamos.

Lo dijo alegre, de buen humor y con la misma buena onda que la caracterizaba.


Para mi, fue un gran bálsamo el recibir este mensaje, me dio, primero que nada, tranquilidad el sentir que la vida no "termina", sino que pasamos a otro plano. Una cosa es escucharlo o leerlo en libros, pero otra vivirlo en un sueño de esta manera tan especial. Sentí que, en este caso, era una especie de confirmación de algo que como mencioné arriba, intuía.


En otra ocasión, soñé con mi abuela Julia. Ese sueño fue muy sanador porque en los meses finales de su vida física, quedé frustrado porque desde mi perspectiva, ella no supo disfrutar la vida y no se dejaba cuidar. Tenía siempre el "no" fácil a la hora de recibir alguna invitación a pasear, arreglarse o de compartir con el resto de la familia o amistades. Sentí que fue muy mezquina consigo misma y que ese fue uno de los motivos por los que ya no quería vivir. Tanto se quejaba de su infelicidad que finalmente pareciera que logró su deseo, el de morir. Primero desarrolló algunos síntomas de Alzheimer, como si quisiera olvidar lo que vivió, luego enfermó de una aflicción pulmonar y finalmente falleció.


Lo hermoso del sueño que tuve, fue que yo entraba a una habitación y me encontraba a mi abuela Julia, con un vestido bonito, maquillada y arreglada como pocas veces en la vida. Había un vals clásico de fondo y mi abuela me abraza y empieza a bailar conmigo. Giramos un par de veces, me mira, sonríe y se entrega a mis brazos, dejándose ir.

Fue como quedarse dormida, en paz, contenta, trascendiendo, dejándome una dulce despedida. No hubo tragedia, sólo un mensaje muy claro en su mirada, su sonrisa y su entrega final. Me desperté con un sentimiento de agradecimiento, amor y apreciación por ella. Quedó sanado lo que había quedado pendiente con ella, lo que nunca pude expresar.


En otras situaciones, he soñado con mi madre, quien transcendió cuando yo tenía 8 años y con su padre, mi abuelo Alfredo, quien tiene más de 15 años de haber dejado este plano. En ambos casos, los sueños trajeron a la luz aspectos de mi historia familiar y pasado personal que requerían mi atención. Reconocimiento de mis orígenes y el contexto de mi nacimiento y crecimiento. Descubrí más sobre quién soy, de donde vengo y eventualmente me aboqué a compartir mi esencia ayudando a los demás a través de mis proyectos.


En mi experiencia, prestar atención a los sueños y aprender a recordarlos con más frecuencia y a interpretarlos, ha transformado mi vida.


Me permitió conectar con mi parte inconsciente, un lugar donde descubrí luces y sombras. Mis más profundos anhelos y más oscuros temores. Partes de mí que necesitaban ser reconocidas y honradas.


Trabajar con mi guía y maestro chamánico Bruno, ha sido un gran catalizador en mi evolución personal y en mi sanación emocional y física. Por este motivo, invité a Bruno a co-crear la Escuela Dulce Despertar y me siento privilegiado de compartir con él al Grupo de Interpretación de Sueños Kaypacha.




Por Leonardo Goffi, Co-Fundador de Manejo del Duelo y la Escuela Dulce Despertar

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